Diferenciar la LIJ (digital)

Hace poco asistí a un debate espontáneo acerca de la aparente ausencia de límites en la literatura digital dirigida a los adultos. Para que vean a qué formas nos referimos pueden remitirse a Hermeneia o a la web sobre literatura electrónica del Cervantes Virtual.

Cuando comencé a interesarme por la literatura infantil digital acudí a los estudios, ya muy consolidados, sobre literatura digital en general. No cabe duda de que la exploración me descubrió numerosos aspectos relevantes, autores y reflexiones fundamentales para abordar el campo.

Es indiscutible que la LIJ adopta elementos tanto de la literatura general, normalmente por delante de la LIJ en innovación, como de la cultura y la sociedad en la que se produce. En estos momentos ya está asumido, o eso esperamos, que la literatura infantil y juvenil se encuentra en el mismo nivel de reconocimiento que la literatura dirigida a los adultos.

Todo esto no impide que la literatura digital para niños tenga que diferenciarse, una vez más, de la literatura general para poder definirse completamente. Por supuesto, gran parte de la teoría literaria general sobre el tema resulta de lo más útil para comprender las nuevas formas emergentes, pero esto no es suficiente. ¿Y por qué?

Pues principalmente debido a las funciones especiales que desempeña la LIJ. Nos guste o no, la LIJ suele (hay ejemplos que contradicen esta idea, lo sé) ir ligada a una concepción práctica de la misma. Las siempre presentes funciones educativas -literarias, morales, sociales- o de entretenimiento, la intención del autor –autor implícito si quieren- o las características del destinatario exigen la existencia de unos ciertos límites en la experimentación. Si la obra no es comprensible, al menos ha de ser lúdica. Si plantea retos al lector, tiene que ayudarle a superarlos. Insisto, este suele ser el mecanismo. (Esta entrada no pretende debatir sobre qué ocurre cuando no lo es).

¿Y ahora? Ahora lo que necesitamos son términos específicos y líneas de análisis diferenciadas para las formas específicas de LIJ digital. Hacen falta recursos propios de la LIJ que, unidos a lo que ya se sabe sobre formas digitales, nos permitan comprender las obras y la relación que establecen con un público tan particular y exigente como son los niños.

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