¿Son las apps libros o apps?

Durante las últimas semanas he vivido y me han relatado algunas discusiones en las que se pretende descubrir la esencia de las aplicaciones literarias, infantiles en este caso.

La conversaciones tratan de dilucidar si las aplicaciones emergentes son o no son libros. ¿Son las apps los libros infantiles del futuro?

A mi modo de ver, estas discusiones esconden tras de sí otras preguntas más acuciantes para los interlocutores: ¿Van a acabar las aplicaciones con los libros tal y como los conozco? ¿Me tendré que actualizar? ¿Tengo que aceptar yo, ávido lector, eso como libro, aunque no me convenza, porque si no me quedaré sin libros?

Todas estas dudas me parecen de lo más naturales. Es el miedo a lo desconocido, todos lo hemos sentido. Y sin embargo creo que la manera de disiparlas no es ni la negación por sistema ni el ensalzamiento perpetuo, pues ambas actitudes son un resultado impulsivo del propio miedo.

Pienso que el motivo principal que nos obliga a definir qué son las apps infantiles “en esencia” no es otro que la necesidad de descubrir qué pueden ofrecernos de novedoso a mediadores y lectores de LIJ.

Y creo que estaremos más cerca de esa “esencia” si hacemos como se ha de hacer con la crítica de libros: alejarnos de los prejuicios y presunciones, acercarnos a las obras concretas y analizarlas detalladamente.

Hace unos días hablaba favorablemente de la aplicación Soñario por la inteligente vuelta que había dado al libro de origen. Hoy mismo me alegraba del lanzamiento de otras dos aplicaciones (esta y esta).

¿En casos de adaptación es mejor que la aplicación se parezca al libro en la lectura que propone? ¿O tal vez para eso no merece la pena hacer el esfuerzo que supone la creación/compra/lectura de una app?

¿Son los extras, como la herramienta de color, suficientemente potentes como para justificar un nuevo producto?

¿Pero si la aplicación propone algo tan único que nos hacer alejarnos demasiado del libro, no será un juego, o cine u otra cosa?

Desde luego no tengo la clave de “la esencia” de las aplicaciones literarias infantiles. Pero sí creo que tal vez la capacidad que tienen las apps de crear esta diversidad de propuestas de lectura (para diferentes lectores con diferentes grados de competencia, intereses, necesidades, gustos, historia, entornos) sea uno de los puntos fuertes del nuevo medio dirigido a los niños.

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