¿Por qué seguir explorando?

Este texto es la versión escrita de mi charla de conclusiones en la Jornada “El libro digital ilustrado” que se desarrolló el 13 de diciembre de 2012 en Casa del Lector.


En un evento pionero como es este, las jornadas dedicadas al libro ilustrado digital, hemos oído opiniones de todo tipo.

Después de esta serie de charlas, la sensación que yo tengo es que este sector, el sector editorial del libro ilustrado, ha aparecido porque era inevitable, pero lo ha hecho rodeado de dudas y cuestionamientos de todas las clases: que si no es rentable, que si se va a borrar todo lo que hagamos… Y lo cierto es que mi visión no es pesimista en absoluto.

Desde luego, hay muchas contradicciones, y es que estamos exigiendo resultados económicos, educativos y artísticos, a un sector que se ha disparado hace tan solo dos años. Estamos exigiendo madurez artística a obras que se están empezando a desarrollar a gran escala y para un público específico, como son principalmente los niños. Estamos exigiendo presencia en hogares y escuelas a unas obras que para ser leídas necesitan una inversión nada irrisoria: me refiero a los soportes de lectura.

Las barreras para el éxito de este sector no son nada despreciables.En estas jornadas, Lluís M. Abián o Luis F. Borruey han tratado de salvar algunas de ellas. De hecho, cuando hablo con alumnos o con colegas sobre este asunto, me dedico un buen rato a enumerarlas (formatos, dispositivos de lectura, librerías digitales…). Y todos ellos se reconocen de una u otra forma en estas sensaciones. Es de lo más frustrante, es cierto.

 Y sin embargo, hay una panda de valientes como Riki Blanco, como André Letria o todos los editores que hoy han estado aquí, que han visto algo que les llama a introducirse en ese mundo y seguir peleando en él. Creo que en ellos está la clave de por qué debemos o debemos querer seguir explorando.

Pienso que estos creadores por supuesto quieren sacar rentabilidad a su trabajo pero también creo que no trabajan a la caza de una recompensa inmediata. Han escogido un camino pedregoso. Y además inseguro porque ¿quién nos dice que en este mundo de la rapidez y la obsolescencia programada las apps van a mantenerse, el ebook va a prosperar?

Una pregunta que me hacen muy a menudo es  “¿Esto va a durar? ¿Merece la pena el esfuerzo?”. Desde luego, yo no tengo la respuesta a una cuestión tan importante. Es una duda tan profunda que la respuesta tiene que venir de una reflexión profunda. Claro que hay que saber dónde y qué se mueve y por qué, y cuáles son las cifras de venta, pero yo animo a ir más allá.

Por eso, siempre que me enfrento con esta pregunta, trato de que mi interlocutor haga un ejercicio de abstracción.

El ejercicio es el siguiente, se trata de (1) alejarse de argumentos tendenciosos (esto va a acabar con el libro) e (2) instrumentalistas (no se puede vivir de esto) porque no ayudan, y además ya deberían estar superados. Pongamos el caso de los pop-ups: ¿cuántos ilustradores hay en el mundo que vivan solo de publicar pop-ups? ¿Obliga eso a que ningún ilustrador haga pop-ups? ¿Quiere decir eso que los pop-ups no sirven como tipo de libro? Claro que no.

 Lo que yo suelo aconsejar cuando me hacen esta pregunta -que no es más que el resultado de una suma de interés y miedo- es que no nos quedemos en la superficie (y por superficie pienso en los formatos, los soportes, las cifras, que aunque tienen que existir no son los únicos baremos por los que hemos de movernos los que trabajamos en los libros) y vayamos más allá en una búsqueda de argumentos transversales.

 Yo creo firmemente que como creadores lo que realmente nos tiene que preocupar es qué ofrece lo digital como forma expresiva y cómo podemos sacar lo mejor de ello. Hablo de acudir a criterios estéticos -entendiendo estéticos en su sentido amplio-.

Tenemos que pensar si esto que está pasando merece la pena:

  • a largo plazo
  • para que los lectores encuentren experiencias estéticas interesantes
  • para que los creadores tengan más herramientas para expresarse
  • para que el ser humano, que cuenta historias desde los orígenes de su existencia, siga haciéndolo de todas las formas que están en su mano

Esta exploración de un tipo de obra con criterios estéticos no es un proceso extraño al mundo ilustrado, ni mucho menos, Si pensamos en el álbum ilustrado, llegaremos a conclusiones similares.

El álbum es un tipo de obra que propone modos de crear específicos del medio. En el modelo álbum bien sabemos que se publican gran cantidad de obras mediocres pero hay ejemplos brillantes del uso del medio, como pueden ser los trabajos de Anthony Browne.

Se trata de buscar esas “formas diferentes de narrar” que mencionaba André Letria, que producen nuevas experiencias, de crear obras que nos planteen la duda de “si lo tenemos que seguir llamando libro”, como se preguntaba Kike de la Rubia.

Se trata de encontrar la excelencia en el uso de esas formas. En el mundo digital, entre sus formas específicas encontramos elementos como el sonido, el movimiento, la interactividad…

Con estos ingredientes, se pueden hacer y se hacen obras mediocres, y también se pueden hacer, y se hacen, obras brillantes.

Pongamos como ejemplo una búsqueda en la tienda App Store de Apple Inc. bajo  los términos “The Three Little Pigs”. Vemos que hay muchos resultados, de los cuales unos proponen una experiencia diferenciada de lectura y otros no tanto.

Lo mínimo, claro, es que el desarrollo no dé problemas, que no haya erratas… y demás criterios básicos de calidad. Pero hay que ir más allá y por eso comentaré tres ejemplos.

En el primer ejemplo, la app de Los tres cerditos de Stella28, observamos una enorme cercanía al objeto libro pero con animaciones bien integradas que no son redundantes con el texto, entre otras características. Otro ejemplo destacable es esta app de los tres cerditos en la que las ilustraciones aparecen mediante stopmotion al pulsar sobre unas bolitas de plastilina, ilustraciones con la que se siguen interactuando después. Esta app [momentáneamente retirada de la App Store] ofrece una experiencia interactiva curiosamente artesanal. Para terminar, Los tres cerditos de Nosy Crow es, en mi opinión una de las más trabajadas y existosas, pues la historia, narrada con voces de niños y con un uso muy característico de la animación y la interacción, está realmente integrada con las posibilidades del soporte.

A pesar de la corta edad del mercado del libro ilustrado digital, ya encontramos muchas obras para público infantil que muestran un manejo productivo de las posibilidades del medio. Hemos visto en estas charlas varios ejemplos: desde breves experiencias propuestas por André Letria, hasta obras con peso como Touché! de Riki Blanco.

Hay obras para prelectores, como Buenas noches, que están pensadas para familiarizar al lector con el soporte. El acierto de la obra se encuentra sobre todo en el cuidado de la ilustración, la narración y la música, además de en el hecho de proponer una interacción con resultados.

Otras obras han sabido integrar sus producciones anteriores en otros medios. Es el caso de Olivia Acts Out,una app que parte de un episodio de la serie de televisión basada en los libros de Ian Falconer. Esta app aprovecha los materiales audiovisuales y los recursos que ya han desarrollado para un personaje, y propone una nueva experiencia diferenciada de los libro y de la serie.

También hay obras que en pantalla aumentan la expresividad que ya conseguían en papel. Harold and the Purple Crayon o The Monster at the End of This Book llevan a la pantalla historias que jugaban con el soporte papel. Estas apps muestran un cambio exitoso a la pantalla, que transforma el juego metafórico de interactividad en interactividad real y abre así nuevas posibilidades de lectura implicada.

Todas estas obras se apoyan en gran medida en la animación, pero también hay muchas otras posibilidades, por ejemplo, obras que han adaptado su discurso digital al lector al que se dirigen. Es el caso de la app juvenil Chopsticks. Una obra basada en la narración visual (estática) que se aprovecha de espacios a priori no ficcionales, como un chat y que demás se sirve de los recursos de Internet, como vídeos musicales o fragmentos de películas que tienen significado en la historia.

Los ejemplos son numerosos y diferentes entre sí. De esta manera, vemos que cuando los recursos expresivos de la pantalla se integran en la construcción de la obra de forma significativa, las posibilidades de éxito artístico de la obra se multiplican.

Es evidente que no podemos hacerlo todo bien desde el principio, pero si seguimos indagando en esta forma expresiva, las obras irán acercándose más a su ideal. Los editores que han hablado hoy repiten que ellos han ido mejorando, han evolucionado desde su primera obra digital.

En definitiva, lo que demuestran estas obras es que las posibilidades creativas son numerosas y, cuando están bien explotadas, las obras resultantes son tremendamente atractivas para el lector, para la crítica, para los mediadores y para otros creadores.

Si las obras ofrecen una experiencia relevante, los lectores, y por tanto el mercado, comenzarán a exigirlas porque ningún otro formato puede ofrecer lo mismo que la pantalla interactiva. Y si esta forma de contar se consolida en el mercado y en las prácticas lectoras de niños y jóvenes, no importará tanto el soporte o el formato, alguno habrá, y si no, lo buscaremos.

Tal vez todo se mantenga como lo conocemos y lo que hagamos ahora sirva dentro de muchos años tal cual. Tal vez se modifique, y todo lo que hagamos ahora sirva para que el nuevo soporte nazca más maduro porque aprenderá de los procesos anteriores.

Contestando a la pregunta que planteaba al principio, creo que si nos regimos por criterios estéticos sí merece la pena seguir explorando. De lo que no hay duda es de que la única forma de que la creación en digital tenga sentido es dándoselo nosotros. Todos podemos contribuir a mejorarla, cada uno en su terreno.

          

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