Lectura “en volumen” en soportes digitales

Una de las oportunidades que nos brinda el medio digital es crear propuestas de lo que he pensado que se podría llamar lectura en volumen. Me refiero con esta metáfora a esa lectura que se sale del plano del papel para adoptar nuevas perspectivas hacia el texto (entendiendo texto como obra, en su sentido amplio).

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Me explico. Pensemos en un texto como una figura en tres dimensiones suspendida en el vacío.

Por supuesto, el texto es el material de composición de dicha figura, pero el hecho de suspenderlo en el vacío es lo que nos permite mirarlo desde diferentes puntos de vista, descubrir nuevas aristas y, en definitiva, conocerlo mejor.

La lectura en volumen es aquello que investigadores, profesores, críticos y demás tipos de lectores implicados llevan a cabo antes, mientras y después de leer un texto. Todos leemos textos en plano, es decir, sin profundizar más en ellos que en la manifestación verbal o visual o audiovisual propiamente dicha. Es un modo de lectura frecuente y absolutamente válido.

Sin embargo, hay textos que nos llaman especialmente la atención o sobre los cuales tenemos que trabajar. En esos textos aplicamos la lectura en volumen. Por poner un ejemplo, hace poco estuve viendo Amour (Haneke, 2012).  Ya conocía otras películas del director, lo que me llevó a ver esta sin dudarlo. Me pareció una película fabulosa, sus escenas me estuvieron volviendo a la mente durante días. Busqué información sobre el actor, Jean-Louis Trintignant, revisé sus imágenes, pensé en ella, en cómo estaba hecha, reflexioné sobre situaciones similares presentes, pasadas y futuras, y aun hoy sigo encontrando en mi entorno elementos que enlazo automáticamente con su trama o sus personajes.

Podía haberme conformado con la película, haberla vuelto a ver, pero mi ánimo se inclinaba a saber más de lo que la rodeaba. A esto llamo yo lectura en volumen.

No pretendo ser original; sé que es una forma más o menos común de acercarse a los textos. De hecho, el mundo digital enseguida ha adoptado el término lectura enriquecida para denominar lo mismo. Desde mi punto de vista, han sido las propias producciones las que han vaciado de significado esa palabra.

imageAfortunadamente existen obras enriquecidas que muestran una gran sensibilidad del equipo creador, un modo de presentar sus diferentes aristas que el lector interesado agradece y disfruta. Es el caso de The Waste Land, una aplicación que ofrece el complejo texto de T. S. Eliot y varias opciones de lectura en volumen.image

Estas propuestas van desde el texto leído por diferentes voces, pasando por comentarios grabados de especialistas en la obra, notas explicativas, facsímiles de los manuscritos originales y algunas fotografías relacionadas con la obra, hasta el vídeo de una performance de la obra en un espacio realmente evocador.

Es un poema complejo que abre así algunas de sus puertas a los lectores, tira de ellos y los atrae a interpretarlo. Siempre que tengo ocasión, en cualquier foro sobre LIJ digital, enseño esta obra como modelo a seguir para realizar propuestas digitales que sean de verdad enriquecedoras.

Parece, sin embargo, que la literatura infantil y juvenil piensa más en la atracción del lector a través de sonido y movimiento (que no está mal, pero es solo una opción entre otras muchas) que en acercarle una obra en profundidad.

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Entre las producciones digitales para niños no hay apenas propuestas del tipo de la app The Waste Land. Parece que es más fácil desarrollar unos cuantos efectos especiales o criticar el mundo digital por decreto que pensar en nuevas formas de acercar a niños y jóvenes a la lectura. Nuevas formas de acercar los textos a un público determinado, exigente y distraído por sus juguetes tecnológicos, pero humano y sensibilizado con el buen arte cuando se da en su diana, después de todo.

Las opciones de las pantallas son muchas, pero tanto si cerramos los ojos ante ellas como si nos dedicamos solo a crear obras de entretenimiento, nuestros pequeños lectores digitales nunca podrán evolucionar hacia unos hábitos de lectura más comprometida y afianzada, ya sea en pantalla o en papel.

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© Todas las imágenes pertenecen a la aplicación The Waste Land, de Touch Press.

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