El librero analógico quiere ser un poco digital

Hace unos días estuve impartiendo una sesión sobre LIJ digital en un curso de formación a libreros del Club Kiriko. La jornada se planteaba ardua pues, en el contexto actual de crisis y desviación del ocio a otras formas diferentes al libro, no somos muchos en el sector los que hemos logrado (a pesar de los pesares) interesarnos sinceramente por las obras digitales cercanas a la literatura.

Me resultó sorprendente encontrar tan buena disposición y tanto interés por parte de los asistentes. No es fácil salirse de uno mismo para recopilar una información de una utilidad que consideramos cuestionable, y volver luego a las exigencias de nuestros intereses profesionales. Ellos sí lo hicieron.

Es posible que quien más aprendiese en la sesión fuese yo misma. Acostumbrada como estoy a tratar con editoriales, ilustradores, escritores que ven oportunidades de venta, de creación en cualquier formato que aparezca, pocas veces me he parado a pensar tan seriamente en las necesidades de los libreros.

Ya antes de la sesión pensaba que el papel de librero es fundamental en este circuito en el que se tiende cada vez más a producir de manera generalizada obras que no distan mucho (o nada) unas de otras. Las editoriales quieren vender sus libros, los autores quieren promocionar sus obras… Pero los libreros, los investigadores, los bibliotecarios mantienen cierta distancia con los libros que manejan. Esa distancia -relativa, claro está- les permite seleccionar con un criterio más objetivo las obras que venden. Los libreros son necesarios porque estimulan la variedad en la compra de sus clientes, y por tanto estimulan indirectamente la variedad en la producción.

En el mundo digital esto es aún más necesario, pues hacen falta voces que legitimen o no las obras que dicen ser literarias.

En la sesión con los libreros, estuvimos hablando de ebooks, de apps, de book trailers, de promoción web con estrategias ficcionales. Todos ellos conocen en mayor o menor medida lo que se está llevando a cabo desde las editoriales pero advierten que todos estos materiales no les están llegando. Editoriales y autores están dejando de lado al librero, como si las estrategias digitales no les fuesen de la misma utilidad para sus ventas, como si no fuesen a saber cómo usarlas.

Aunque es comprensible que productores y creadores quieran aprovechar al máximo y directamente las posibilidades del entorno digital para sus intereses, no pueden ser ellos quienes releguen a las librerías al mundo analógico. Los libreros son grandes aliados en nuestro sistema de la LIJ. Llevan años funcionando y haciendo un trabajo excelente en muchos casos.

Cierto que las librerías tendrán que adaptarse a los cambios, y cuanto antes mejor, pero pensemos desde ya que la responsabilidad no es solo suya. ¿Qué pasará si no quedan figuras que seleccionen y presionen la producción hacia criterios diferentes de los puramente comerciales? ¿Nos ayudará Apple a escoger las obras que tienen que leer nuestros hijos?

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