Premios digitales… ¡desiertos!

Hace 8 meses hacía eco a través de este blog del Premio Nave Especial pensado para promover la creación de historias digitales ilustradas. Como explicaban en las bases, el jurado valoraría un proyecto que después harían realidad las editoriales Pato Lógico y Biodroid. Cualquier persona de cualquier parte del mundo podía presentarse siempre que estuviese asociado a un autor portugués que haría de interlocutor.

Por esta nota de prensa me entero de que los ganadores de la categoría Historia digital ilustrada infantil son la portuguesa Teresa Cortez y el alemán Wolf Shmid, y que además han dado cuatro menciones de honor. En la página web del premio exponen con bastante detalle los argumentos que han llevado a esta resolución. Veremos el resultado en unos meses, cuando la aplicación salga al mercado.

Pero esta entrada no pretende simplemente reseñar el premio. La motivación para escribirla es bien diferente, pues resulta que la categoría más general, Historia digital ilustrada,¡ha quedado desierta! por considerar que las propuestas no se atenían a los criterios mínimos de calidad exigidos. 

Lo cierto es que este resultado no sorprende en absoluto, pero es importante que reflexionemos sobre ello. Los últimos dos años he tenido la suerte de hablar de este asunto con algunos ilustradores que cursaban en Máster en Álbum Infantil Ilustrado, donde imparto unas sesiones sobre literatura infantil digital. Algunos de ellos no se sienten especialmente atraídos por este medio pero muchos otros preguntan con verdadero interés cómo han de hacer para entrar en este sector tan desconocido y a veces oscurantista de las aplicaciones-libro.

Los autores, tanto escritores como ilustradores, que sí están dispuestos a probar se quejan de la falta de herramientas, de lo complejo que resulta autoeditar, de lo caro que resulta subcontratar y de que este sector no da dinero. Yo siempre digo que si no se ven capaces de autoeditar, lo que es más que comprensible, traten de enviar propuestas a editoriales digitales que se encarguen de la edición completa, igual que harían con proyectos para libros en papel. Así, la complejidad y el encarecimiento van de la mano de otro.

El argumento económico de la falta de beneficios no me convence cuando se trata de creación. Entiendo, por supuesto, que los autores tienen que sumergirse en proyectos rentables para sobrevivir, pero me gusta que pensar que el trabajo creativo es algo más vocacional que admite exploraciones menos rentables, aunque evidentemente estas no puedan suponer el cien por cien del tiempo de una persona. Cuando uno diseña un proyecto para hacer un libro en papel nunca sabe si ese proyecto en concreto va a ser aceptado por una editorial y, en caso de serlo, a menudo no sabe con antelación los beneficios que va a obtener (sobre todo si hablamos de editoriales pequeñas que aceptan trabajos más arriesgados pero que no pueden asegurar unas ganancias fijas si  no van ligadas a las ventas). A pesar de ello, algunos autores apuestan por este tipo de negocio, pues activa sus mecanismos de creación, y lo combinan con otros proyectos económicamente más rentables.

Realmente creo que las barreras más densas no están en el sistema (aunque las hay) sino en el desconocimiento del campo digital. El trabajo de investigación necesario para comprender el medio digital de manera artística supone un esfuerzo. Igual que supone un esfuerzo conocer las características del álbum ilustrado, un paso necesario para tener buenas ideas que den originales productos bien incrustados en el medio. Pero por alguna razón el entorno digital sigue siendo un enemigo desconocido.

Se me ocurre que, tal vez, si dejamos de desconocerlo veremos que no es tal enemigo, y autores y lectores se beneficiarán de tal descubrimiento. Si no lo han hecho ya, pueden empezar por leer las entradas de este blog y así ayudar a que se haga realidad uno de sus objetivos que es difundir lo que su autora va encontrando durante su investigación para que creadores, mediadores y lectores tengan herramientas a la hora de moverse por el ámbito las aplicaciones-libro. Hoy las apps llegan a millones de familias; mañana tendrán otro nombre, pero lo que es seguro es que las pantallas interactivas han venido para quedarse un buen tiempo entre nosotros. ¿Por qué no darles una oportunidad?

Por si aún queda algún apocalíptico del medio digital, que no crea que puede ser vehículo de un cierto tipo de experiencia artística, les dejo un par de enlaces a dos obras interactivas accesibles en red. Quienes ya los conozcan, seguramente volverán a pinchar en ellos. Quienes no, al menos, inténtenlo una vez:

Uno de ellos se llama Vectorpark. El otro, BlaBlaBla

Un comentario en “Premios digitales… ¡desiertos!

  1. Pingback: Nueva oleada en la LIJ digital | Literaturas exploratorias

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